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martes, 29 de marzo de 2016

Sentí ganas de llorar, se veía triste y nada se interponía entre  nosotros, apoyada en la ventana no suspiraba emoción alguna, y ahí se posó sin moverse el resto del viaje. Por alguna razón me conmovió, fue extraño, me intoxique en su tristeza, la misma que aveces gorgotea de mis sabanas al piso, y sobre el café  cuando me distraigo demasiado;   bajamos en la última estación, fui a comprar una flor para ella, no la percibía como alguien que mereciera entristecerse, una sonrrisa de un desconocido no era tan mala idea, le crearía un recuerdo. Al ver mis bolsillos no había sencillo, y ahí quedó en segundos suspendidos un instante apasionado por un acto. Como siempre algo del destino no me acompañaba.

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