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martes, 26 de julio de 2016

Y tomé cada astilla de lo que fuese que tuviera a la mano, y los alcé contra cada uno de los cuellos que decidieron acercarse, lloré la pena de deshacerme y olvidarme, me saque los pesos muertos de encima, me tambalee un par de pasos adelantes, ya exhausto y cansado, mire mis manos y agradecí a aquella parte de mi que me sacude cuando es necesario, y quede decidido a comenzar de cero, y quede ahí, parado, disidido, mirando sin saber donde ir, mirando sin saber a quien mirar, sin ni siquiera poderme concentrar para observar, pero todo paso adelante vale, y todo mal rato enseña, enseña o te pudre, o te pudre y descompone, y como todo lo descompuesto terminas negro y desagradable aferrado al piso, blando sin consistencia alguna para poder alzarte.

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